• Wednesday , 23 August 2017

The Fight Club: Arte Audiovisual

Por Andrea Molina

La primera regla del club de la pelea es que no se habla del club de la pelea. Lejos de tratarse de una película de violencia, el verdadero trama es una crítica a la sociedad postmoderna materialista, que trata de desinhibir el lado anárquico y oculto del ser humano por medio de un club de pelea clandestino.

David Fincher es un director de cine, videos musicales y publicidad norteamericano, mundialmente reconocido. En 1999 dirigió la película The Fight Club. Fue protagonizada por Edward Norton, Brad Pitt y Helena Bonham Carter. Si bien, en su estreno la película no fue bien acogida por la crítica, con el paso de los años ha ido aumentando su valor artístico, hasta llegar a ser considerada una de las mejores películas de todos los tiempos.

images

La película esta basada en la novela del mismo nombre escrita por Chuck Palahniuk en 1996.  “Antes de que hubiera una película (…) Antes de que Donatella Versace cosiera hojas de afeitar a la ropa de hombre y lo llamara el “look del club de la pelea”. Antes de que los modelos de Gucci desfilaran por las pasarelas sin camisa, con ojos morados, llenos de hematomas y ensangrentados con vendas (…) Antes de que los jóvenes empezaran a hacerse cicatrices de besos en las manos con sosa cáusica o con kola loka (…) Antes de que los jóvenes de todo el mundo emprendieran acciones legales para cambiarse el nombre por “Tyler Durden” (…) Antes de que uno encontrara grafitis en Los Ángeles, pintados con aerosol que afirmaban “Tyler Durden vive” (…) Antes de todo eso… Había sólo un relato”.[1]

 En 1865, Hipólito Taine escribió en su libro Filosofía del Arte,  que para comprender una obra de arte, a un artista o a un grupo de artistas, hay que representarse el estado de las costumbres y el estado de espíritu del país y del momento en que el artista produce sus obras. El ambiente moral actúa sobre las obras de arte. Existe una necesaria y exacta correspondencia entre una obra y el medio en que se ha producido. La película The Fight Club, es un reflejo, una crítica al hombre y a la realidad postmoderna.

Para Fredric Jameson, el Posmodernismo es “el fin del estilo, en el sentido de lo peculiar y lo personal”: el consumismo que vive el ser humano de hoy, quien tiene la “necesidad” de poseer cosas materiales, que es víctima de la mercadotecnia y de la publicidad de las grandes marcas y casas de moda u objetos de lujo. Este materialismo se vuelve un fin en sí mismo, ya que supuestamente representa un status de vida superior, rodeada de un aura de bienestar. El personaje principal (Edward Norton), es aparentemente feliz, pues ha conseguido amueblar su lujoso departamento. “Y no era yo el único esclavizado por el instinto de construirse un nido. Personas que conozco y que solían llevarse pornografía al cuarto de baño, ahora se llevan el catálogo de muebles de IKEA.”[2] El hombre posmoderno está uniformado con objetos que prometen una aparente felicidad. La realidad es otra: en ocasiones, el coleccionar artículos de consumo, lejos de brindarte una satisfacción absoluta, crean un vacío en el individuo y le restan libertad.“Finalmente, te quedas atrapado en tu precioso nido y los objetos que solías poseer ahora te poseen a ti.”[3]

images-4

Omar Calabrese distingue a la Posmodernidad por su “gusto neobarroco”, es decir un placer por todo, por la indecisión, la inestabilidad. Además de la dificultad de poder expresarlo y definirlo: “hoy algo me gusta y no sé por qué, y mañana tal vez ya no”. En síntesis, para Calabrese el gusto de la era neobarroca está relacionado y condicionado por lo cambiante, inestable, globalizador y polidimensional. “Si no sabes que quieres, terminas teniendo un montón de cosas que no necesitas”.[4] El no saber lo que se quiere con certeza y construir una identidad a partir de lo que ofrece la cultura de masas es una manifestación de algo mucho más profundo. Me refiero a la fragmentación del sujeto mismo.

images-3

Fredric Jameson habla de las patologías culturales que afectan al individuo según la época en la que vivan. En el Modernismo, las enfermedades psicológicas que padecía el hombre eran por lo general, casos de ansiedad, alienación, histeria, neurosis, anomia, inadaptación social del individuo y soledad extrema. En la época Postmoderna, esas patologías ya no son tan frecuentes, y son reemplazadas por otras que resultan más apropiadas para el hombre de nuestros días: la esquizofrenia, la auto aniquilación, y las palabras “estrés” y “crisis” se escuchan infinidad de veces.

Todo lo anterior sugiere una hipótesis histórica más general: conceptos como la ansiedad y la alienación (y las experiencias a las que corresponden, como sucede en -el cuadro de Munch- El grito) ya no resultan apropiados en el mundo del posmodernismo. Las grandes figuras de Warhol —la propia Marilyn o Eddie Sedgewick—, los famosos casos de aniquilación y autodestrucción de fines de la década de 1960, y las grandes experiencias dominantes de la droga y la esquizofrenia, parecen ya no tener mucho en común ni con la histeria y las neurosis de los tiempos de Freud, ni con las experiencias clásicas de aislamiento y soledad radicales, anomia, revuelta privada, locura al estilo de Van Gogh, que dominaran el período de auge modernista. Este desplazamiento en la dinámica de las patologías culturales puede describirse diciendo que la alienación del sujeto ha sido sustituida por la fragmentación del sujeto.[5]

images-5

La fragmentación es una característica fundamental del Postmodernismo: la fragmentación del individuo, fragmentación en la narrativa, fragmentación de la cadena de significantes. Analizaremos esto por partes.

Jameson habla de la incapacidad del hombre posmoderno de organizar su pasado y su futuro en forma de experiencia coherente, por lo que las producciones culturales de ese sujeto no son otra cosa que “montones de fragmentos” aleatorios. Para esclarecer su punto, Jameson usa la definición de Lacan de Esquizofrenia: una ruptura en la cadena de significantes, o sea, en la serie sintagmática intervinculada de significantes que constituye una expresión o un mensaje. Consiste en la unión de significantes con significantes, en lugar de la correlación entre significantes y significados producida por la ansiedad o pérdida de realidad pero también por ataques de euforia, borrachera o de intensidad causada por la alucinación o las drogas.

El lenguaje de los esquizofrénicos (discontinuidades y oraciones desconectadas de las cuales surge un mensaje global unificador), se aprecia en muchas de las obras de Arte posmodernas, utilizado como recurso estético: podemos encontrar algunos ejemplos en la música de John Cage, en la narrativa de Samuel Beckett o en la novela de Chuck Palahniuk The Fight Club. A propósito de esto, Palahniuk escribe: “En lugar de que un personaje fuera de escena en escena de una historia, tenía que haber una manera de simplemente… cortar, cortar, cortar. De saltar. De una escena a otra. Sin que el lector se perdiera. Mostrar todos los aspectos de una historia pero sólo el meollo de cada una. El momento central. Y luego otro momento central. Y luego otro”.[6] Leer el libro de Palahniuk puede parecer en principio un poco confuso, pero leído con atención se lleva muy bien la correlación de los hechos y resulta muy interesante una lectura de este estilo, por momentos uno se siente dentro de la mente de un esquizofrénico.

images-2

“Estos términos traen inevitablemente a la memoria uno de los temas más de moda en la teoría contemporánea: el de la “muerte” del propio sujeto”[7] La narrativa no es lo único que sufre una fragmentación en esta época, sino que también, -y principalmente- es el individuo mismo que está fragmentado. Tal y como Jameson afirma, la esquizofrenia es una patología cultural del Posmodernismo. Si fijamos nuestra atención en los personajes de la película The Fight Club, notamos que todos los personajes presentan rasgos serios de esquizofrenia.

Profundizando en el personaje del Narrador, vemos que sus problemas psicológicos son evidentes. Hay una pérdida de identidad en el personaje principal, incluso nunca menciona su nombre. Sabemos que se llama Jack Moore, ya que el nombre aparece en un cheque. Jack – el narrador – sufre de un desorden psiquiátrico llamado Trastorno de Identidad Disociativo, “anteriormente llamado trastorno de personalidad múltiple, se caracteriza por la existencia de dos o más identidades o estados de la personalidad que controlan el comportamiento del individuo de modo recurrente, junto con una incapacidad para recordar información personal importante, que es demasiado amplia para ser explicada a partir del olvido ordinario. Las identidades (…) difieren entre sí en el sentido de que cada una presenta un patrón propio y relativamente persistente de percepción, interacción y concepción del entorno y de sí mismo”. [8] Claramente Jack sufre de esta enfermedad, su personalidad secundaria es Tyler Durden. Incluso, en la novela podemos leer: “No son más que chorradas. Estoy soñando. Tyler es una proyección. Es un trastorno disociativo de la personalidad. Un estado de fuga psicogénica. Tyler Durden es una alucinación. —¡Y una mierda! —dice Tyler—. Tal vez seas tú mi alucinación esquizofrénica. Yo estaba aquí primero.”[9]

images-1

En la película podemos ver como empieza la desestructuración de la personalidad de Jack, cuando esta sacando copias y tomando café, nota que muchos de sus compañeros están haciendo lo mismo, y siente un vacío en su vida. La otra personalidad que crea, es todo lo contrario a él; en palabras del Narrador: “Me gusta todo lo referente a Tyler Durden: su valor y sus recursos. Su temple. Tyler es divertido, enérgico e independiente, y los hombres lo admiran y esperan que cambie el mundo. Tyler es hábil y generoso, y yo no lo soy”. [10]Existe un problema de identidad de género. Si bien, Jack no puede ser considerado afeminado, existe una notoria diferencia entre Jack y Tyler, en lo referente a la masculinidad. Jack colecciona muebles como hobby. Eso sería algo que dudosamente haría la personalidad de Tyler. Esta falta de masculinidad e inseguridad puede deberse a la falta de la figura de un padre (el padre de Jack los abandonó cuando el tenía 5 años), hecho que provocó consecuencias catastróficas en su personalidad.

Podemos concluir que The Fight Club es un reflejo de nuestra época. El personaje de Edward Norton manifiesta una de las patologías culturales más comunes del Postmodernismo. Ya no vivimos en la época de la ansiedad, en donde el individuo se encontraba asilado, sino que ahora, es el propio individuo el que se encuentra fragmentado, y con el, la narrativa y los recursos estéticos. Entendiendo estas bases, es como podremos comprender el Arte de nuestra época, y el comportamiento del ser humano posmoderno. Por esta razón, el hombre trata de llenar su vacío con los bienes materiales que prometen felicidad instantánea, y el resultado es obtener una imagen y una personalidad de catálogo, y una profunda insatisfacción. Pensándolo bien, tiene cierta lógica la filosofía de Tyler Durden: habría que perder todo, para poder volver a empezar.

 

[1] Palahniuk, Chuck. El club de la pelea. Debolsillo. España. 1996. Págs. 8-11

[2] Palahniuk, Chuck.  Op. Cit. Pág. 53

[3] Palahniuk, Chuck.  Op. Cit. Pág. 54

[4] Palahniuk, Chuck.  Op. Cit. Pág.56

[5] Jameson, Fredric. Op. Cit. Pág. 31

[6] Palahniuk, Chuck.  Op. Cit. Pág. 11

[7] Jameson, Fredric. Op. Cit. Pág. 31

[8] Sadock, Benjamin, et al. Sinopsis de Psiquiatría. Ed. Lippincott Williams & Wilkins. España. 2008. Pág. 671.

[9] Palahniuk, Chuck.  Op. Cit. Pág. 178

[10] Palahniuk, Chuck.  Op. Cit. Pág.185

 

 

Leave A Comment