• Wednesday , 23 August 2017

En los zapatos de Van Gogh y Warhol

Mil veces hemos escuchado la expresión “ponerse en los zapatos del otro” para entender una situación. Esta vez, nos pondremos en los zapatos de Vincent Van Gogh y de Andy Warhol, literalmente, pues cada uno de estos grandes artistas pintaron zapatos. Y no son cualquier par de zapatos, sino que son zapatos que revelan el estilo de toda una época.

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Van Gogh pintó “Los Zapatos” en 1866. La razón por la cual este cuadro es uno de los más importantes de la obra del holandés es porque cuando lo observamos, no vemos solamente un par de botas sucias y gastadas, sino que nos transportamos al mundo de los objetos de la miseria agrícola y del bestial trabajo rural, un mundo reducido a sus aspectos más humanos y primitivos . Un mundo inhóspito en donde cada cosecha es el fruto de un trabajo que no termina nunca. Esos zapatos representan el dolor de brazos del campesino de tanto varear las ramas de los olivos y el miedo a que el granizo arruinara la cosecha. No es casualidad que media docena de filósofos han escrito sobre este cuadro: Martin Heidegger, Meyer Schapiro, Jacques Derrida y Fredric Jameson.

Más de cien años después, en 1980, el ídolo del Pop Art, Andy Warhol, crea su propia versión de zapatos: “Polvo de Diamante”. El artista norteamericano empieza su fama como ilustrador de anuncios de zapatos. Sin duda está obra no nos sumerge dentro de sí con la inmediatez del calzado de Van Gogh. Los zapatos de Warhol flotan en la superficie que carece de horizonte – y de gravedad- y surge un nuevo tipo de bidimensionalidad o falta de profundidad. O mejor dicho: una nueva superficialidad, característica tanto del Arte como del Hombre Postmoderno.

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El artista posmoderno, que nace precisamente con Warhol, es libre de todo tipo de perjuicios y condiciones históricas. Esto se traduce en la muerte de la pincelada distintiva, en la estética de la repetición y la reproducción mecánica. Las obras de Warhol no eran únicas, por medio de la serigrafía lograba reproducir su obra infinidad de veces, y lo hacía en una Fábrica y no en un estudio. La falta de profundidad pronostica la muerte de la imagen. Esta obra, parecida a la imagen de los rayos X, nos habla de la superficialidad del hombre posmoderno.

La diferencia entre los zapatos de Van Gogh y los de Warhol, no es un asunto de contenido sino de disposición del artista. El artista plasma en su obra el mundo que le rodea; el artista no es ajeno a la época en la cual le toca vivir. Warhol vive en la sociedad posmoderna: una sociedad que rinde culto a la imagen y al simulacro, un debilitamiento de la historicidad, un acercamiento a la tecnología, un gran cambio en el orden económico capitalista, que desencadenó una economía de consumo. Se vive en el mundo del entretenimiento, se pierde la intimidad, las redes sociales alejan al individuo de la realidad, lo que provoca una perdida de identidad y personalidad individual. El individuo posmoderno quiere vivir el presente, que se caracteriza por la búsqueda de lo inmediato. Se rinde culto al cuerpo y a la liberación personal. Se desencadena una revolución sexual. Existe una constante preocupación respecto al fin del mundo. Y sobre todo, se vive una mengua de los afectos. Esta es la sociedad que Warhol pinta en su obra: muy superficial como su pincelada.

Nunca hubieras pensado que un par de zapatos pudiera hacerte entender el Arte Contemporáneo.

Por Andrea Molina

 

 

 

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