• Thursday , 19 October 2017

Barbara Kruger y el mundo de las imágenes

Por Andrea Molina Millet

La visualidad juega un factor primordial en nuestros tiempos, pues han cambiado las relaciones sociales entre un sujeto que mira y un objeto que es mirado. Estamos ante una generación que ha crecido con la televisión, con los mass media, videos, fotografías, remesas económicas y culturales; es decir, un constante asedio de imágenes por todas partes. Existe una fatiga de la representación, una sensación de que ya lo hemos visto todo; la abundancia se presenta como vacío.

La imagen se ha democratizado. Se borra la frontera entre arte elevado y arte bajo, la alta cultura y la cultura de masas. La cultura ya no esta limitada a las formas tradicionales de arte, sino que es consumida a través de la vida diaria.

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Los tiempos han cambiado y el mundo nos llega de forma diferente. La narrativa ha saltado de la página a la pantalla, la música exige ser tanto vista como oída, las computadoras han revuelto nuestras relaciones con información, vigilancia y dinero, y la televisión ha cambiado todo … En un abrir y cerrar de ojos, nos encontramos entre argumentos de venta, información y entretenimiento, que hacen historia cuando hacen negocio. [1]

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Las imágenes entonces, juegan un papel fundamental en las relaciones sociales, en la política, creando estructuras de poder, transmitiendo valores e ideales, delatando su contexto de producción, sus efectos socio culturales y siendo utilizadas como medios para lograr una transformación en el actuar quien las observa. Una imagen revela mucho más que su contenido. Estamos hablando de la visualidad como forma cultural, y la imagen como construcción cultural. La cultura visual ha llegado para quedarse, pues vivimos en una sociedad eminentemente visual. Si bien, siempre han existido las imágenes, hoy existen en exceso. “La cultura visual no depende de las imágenes en sí mismas, sino de la tendencia moderna de convertir la existencia en imagen, de visualizarla”[2].

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La interpretación juega un papel fundamental en el proceso artístico, y para una total comprensión de la obra de arte es necesario un conocimiento de la economía y cultura de la época. Barbara Kruger no es solamente una artista norteamericana de gran prestigio internacional, sino que es también una figura cultural sobresaliente de nuestro tiempo. Ella estudia los códigos culturales, determinados por los fenómenos sociales. Su obra cuestiona quién produce dichos códigos, de qué condiciones dependen, en función de los intereses de quién operan. Pero igual de importante es el proceso de decodificación de los mismo, pues nunca será igual entre una persona y otra. En el proceso de interpretación, el codificador es tan importante como el decodificador. Esto es una de las principales características del trabajo de Kruger. Desde que el arte es productor de significados, el público tiene que ser tomado en cuenta.

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La imagen es un elemento bien explotado en la obra de Barbara Kruger:“Intento investigar la compleja relación entre poder y sociedad, pero en cuanto a la propia representación visual, trato de evitar altos grados de dificultad. Me gustaría que la gente se sumerja directamente en la obra”. [3] Kruger conoce demasiado bien las estrategias psicológicas de los medios y el poder de las palabras y de las imágenes. Muchos de los slogans y frases que encontramos en su obra, vienen del siglo XIX, de Johann Wolfrang Goethe, Edgar Allan Poe, John Stuart Mill o Charles Baudelaire.

Barbara Kruger es una artista cuya obra plantea una reflexión crítica de la realidad contemporánea con su consumo, inmediatez y mundialización tan característica. Su obra es considerada interdisciplinar, pues comprende la fotografía, el diseño, la escritura y la edición. En ella critica y cuestiona los estereotipos sociales sobre el poder, la sexualidad y el papel de la mujer. Por medio de sus imágenes pretende revelar lo excluido por lo evidente y alterar las austeras certezas de las imágenes, la propiedad y el poder. Poder, aquella fuerza motivadora que guía y manipula las relaciones entre los individuos.

Tanto la ciudad como los museos se han convertido en escenarios idóneos para presentar arte, ya no es posible distinguir entre instalaciones en espacios urbanos, comerciales o académicos. En su obra, cuestiona la apariencia natural de las imágenes por medio de un comentario de texto. La pieza no implica contemplación. El comentario de texto es tanto implícito como explícito, haciendo preguntas sobre poder, expectativas, y diferencias sexuales. Kruger ha infiltrado los canales de comunicación pública. Su obra titulada Untitled (Questions) (Sin título, Preguntas), la encontramos en diferentes escenarios, como por ejemplo en el portón de la galería neoyorkina Mary Boone Gallery, en un estacionamiento de Los Ángeles y en una iglesia de Colonia, Alemania. Plantea al público preguntas como ¿Quién es libre de escoger?, ¿quién está más allá de la ley?, ¿quién está curado?, ¿quien está albergado?, ¿quién habla?, ¿quién permanece en silencio?, ¿quién saluda por tiempo más largo?, ¿quién reza más fuerte?, ¿quién muere primero? ¿quién ríe de último?. Estas preguntas cuestionan las estructuras de poder que dominan a la sociedad contemporánea.

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A Kruger no le interesa la expresión gestual de la escritura, sino la atención que provoca la tipografía que utiliza, por lo general Helvetica Ultra Condensed o Futura, la cual es usada con frecuencia en las impresiones y en la publicidad y nos recuerda en algún sentido al arte del Constructivismo Ruso o de la Bauhaus, no solo por su parecido tipográfico o el uso del fotomontaje, sino por su sentido político y social y su manera de producción, distribución y recepción de la obra de arte. Los colores son por lo general imágenes a blanco y negro, y las letras blancas, negras y en ocasiones rojas. Empleando el ejemplo de la violencia doméstica, la agresividad vociferante del lenguaje visual se puede experimentar en el sitio. Cuando el piso, las paredes y el techo están cubiertos de palabras, el espacio tiende a perder estabilidad. No es solamente lo que dice la obra de arte, sino cómo lo dice. Las combinaciones de texto, imágenes y arquitectura en sus instalaciones, fuerzan al espectador a experimentar, de una manera viceral, sentimientos que acompañan el reconocimiento de la propia pequeñez, mezquindad, prejuicio, lujuria, arrogancia, avaricia, ignorancia, enojo, miedo y ausencia de poder.

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Nos toca vivir una cultura industrial que muchas veces transforma o destruye la tradición, y se transmite por medio de la innovación. En este sentido, el arte, se convierte en un producto más para ser consumido de inmediato por la sociedad contemporánea. No es sorpresa, que uno de los leitmotif de la obra de Kruger sea el dinero, pues es el símbolo de poder en nuestra cultura, que incluye, entre otras cosas, fama, estilo, belleza, estatus, gusto y clase. Negocios, propiedades, carisma, sexo, cultura, conocimiento, información, tiempo, naturaleza e incluso divinidad, pueden ser comprados con dinero. El lado oscuro de la moneda, es que en algunos casos el intercambio incluye mercantilismo, explotación y objetualización, y patologías como mentira, adicción, corrupción y crueldad. Muchas veces de manera invisible, el corrupto poder del dinero problematiza muchos de nuestros deseos, envueltos en el difícil mundo del intercambio. Barbara Kruger denuncia abiertamente esta situación mediante sus obras, como Bleed us dry (Desángranos), Money can´t buy me love (Dinero no puede comprarme amor), You invest in the divinity of the masterpiece (Usted invierte en la divinidad de la obra maestra), Buy me, I´ll change your life (Cómprame, cambiaré tu vida), Du willst es, du kaufst es, du vergisst es. You want it, you buy it, you forget it. (lo quieres, lo compras, lo olvidas), Plenty should be enough (Abundante debería de ser suficiente), You make history when you do business(Haces historia cuando haces dinero), I shop therefore I am, (compro luego existo), inspirada en la famosa frase de René Descartes, la cual es considerada la esencia de la sensibilidad postmoderna y en consecuencia funciona como un crítica. Esta obra se vendió en el 2004 por $600,000 dólares en una subasta, $500,000 dólares por arriba de cualquier obra vendida por la artista anteriormente.

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El artista, deja de ser un genio, en términos kantianos, para convertirse en un trabajador al servicio del consumo de las masas. El arte está en todas partes. Muchas veces es usado como protesta, por lo que su reproductibilidad tiende a la masificación para poder llegar a un mayor número de receptores. El Arte se ha convertido en publicidad y el artista en un trabajador para la industria.

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[1] Kruger, Barbara. Remote Control. The MIT Press. Estados Unidos. 1993. Pág. 7. Traducción por Andrea Molina Millet: Times have changed and the world comes to us in different way. Narrative has leaped from the page to the screen, music demands to be seen as well as heard, computers have jumbled our relationships to imformation, surveillance and money, and television has merely changed everything… With the blink of an eye, we are soaked in sales pitches and infotainments thats make history when the do business.

[2] Mirzoeff, Nicholas. “Contenidos y Sinsentidos”, Revista Estudios Visuales. España. 2003. Pág. 78

[3] Görner, Vet. Barbara Kruger Desire exists where pleasure is absent,. cat. exp. Kerber. Hannover. 2006. Pág. 13. Traducción por Andrea Molina Millet: I attempt to investigate the complex interrelationship between power and society, but as for visual presentation itself, but as for the visual representation itself, I try to avoid a high degree of difficulty. I would like for people to be drawn directly into the work.

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